Cuando migrar es resistencia y fortalecimiento de redes de cuidados

Alba Sánchez López / Francesca Ricciardi

Las fronteras separan, dividen y desmembran. Distinguen cuerpos. Distinguen derechos. Atraviesan vidas. Las mismas fronteras asimétricas que por un lado dejan pasar libremente capitales, por otro, se cierran delante de los seres humanos.

Fronteras que dejan marcas; muchas, en los cuerpos de las mujeres. Y éstas no tienen forma de cuchillas al intentar saltar las vallas. Tienen forma de fresas, de bultos en la espalda, de explotación laboral, sexual, de violaciones: todas son expresión de las violencias heteropatriarcales que desplazan mujeres y niñas y que se reproducen en los lugares de tránsito y de llegada del proceso migratorio. Son otra cara del actual sistema capitalista, que es patriarcal, colonial y racista, que le ha declarado guerra a la vida, que se sostiene sobre los abusos y la dominación de las mujeres, sobre el expolio de los recursos, la depredación y la devastación de la naturaleza. (Artículo completo en El Salto)

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